Era este el recinto que había fascinado tanto a Jones. Había en su interior seres híbridos y torpes que solo podía concebir la fantasía, modelos con habilidad diabólica, y coloreados de un modo horriblemente afín a la vida. algunos eran las figuras de mitos bien conocidos: gorgonas, quimeras, dragones, ciclopes y todos sus congéneres estremecedores. Otros revenían de tiempos susurrados furtivamente desde leyendas subterráneas: el negro e informe Tsathoggua, el multitentacular Cthulhu, el proboscidio Chaugnar Faung y otras blasfemias insinuadas en libros prohibidos como el Necronomicon, el Libro de Eibon, o los Unaussprechlichen Kulten de Von Junzt. Pero los peores eran aquellos de todo originales para Rogers, y adoptaban formas que ningún relato antiguo se habían atrevido nunca a sugerir.
"El Horro en el museo"



































